Florianópolis tiene todo para lograr una gran experiencia; es un universo relativamente pequeño y abarcable donde encontrar topografía y urbanización (o carencia de ella) para todos los gustos. La isla se revaloriza en opciones e infraestructura así como en la presentación de playas inexploradas y vírgenes para almas salvajes.

 

En esta isla del Estado de Santa Catarina, la oferta playera es cada vez mayor y más variada. Tanto es así que conviven lugares tan opuestos como la sofisticada Jureré Internacional, al estilo Miami, con sus mansiones y sus beach lounges por un lado, y playas salvajes y de reducida afluencia como Lagoinha do Leste, a la que solo se accede a través de un sendero desde la Playa do Matadeiro o la Playa do Pantano do Sul. O como la encantadora Saquinho, una belleza casi intocada de apenas 75 metros de faja de arena fina y blanca; o la misma Solidao, al lado de Saquinho, a puro mar abierto pero aun así con aguas tranquilas.

Un clásico de las playas tranquilas es Santinho. Si bien las playas de siempre, incluso las más populosas, tienen sus ‘clientes asiduos’, también son cada vez más los que se interesan por lo exótico, por fotografiarse en una playa desértica, por descubrir nuevos parajes. Pero lo bueno de esta isla es que alberga opciones para todos los gustos, como las surfistas Mozambique o Joaquina; o la de agitada movida nocturna Lagoa da Conceicao; o la super cool playa Mole, e incluso la misma Jureré, que también se lleva su parte de diversión nocturna.

Ferrugem sigue presentándose como la playa joven, al punto que ya se ofrece como un destino para viaje de egresados, como Bariloche o Porto Seguro. Y hasta de vestigios arqueológicos se puede hablar en las aguas turquesas de la isla de Campeche.

Lo cierto es que Florianópolis brinda a sus visitantes un amplio espectro de playas y actividades para todos los gustos y edades, pero también lo hace con la oferta de bares, pubs y boliches.

La gastronomía y la oferta hotelera sigue el mismo criterio que las playas: variada y de un gran abanico para todos los gustos y bolsillos. Por supuesto que en una isla el fuerte está en los productos de mar. Florianópolis es el lugar donde degustarlos, tanto en establecimientos como en la playa, ya sea asoleándose en un camastro, o en uno de los chiringuitos observando el mar y una bellísima puesta del sol, al compás de una samba y una caipi helada, como solo Brasil sabe brindar.