Realizar un safari en África es de esas experiencias que uno tiene anotado en la lista de “cosas que hacer antes de morir” o, como le llaman los norteamericanos “The bucket list”. A los niños les encanta la idea de ver hermosos y salvajes animales mediante binoculares desde un aventurero jeep; ver elefantes, cebras, jirafas, pero la experiencia requiere de ciertas precauciones.

DE MENOR A MAYOR
Siempre es conveniente ir de menor a mayor; de parques menores a los realmente grandes. Es recomendable que los niños vayan acostumbrándose a ver animales, a ir aprendiendo sobre ellos, a tomarle el gusto e ir perdiéndole el miedo a la situación. De esa manera, cuando reciban el ‘ broche final’ del gran safari ellos ya serán unos aventureros experimentados, y siempre tendrán una mejor experiencia.

AYÚDELOS A CREAR
Si sus hijos están en capacidad de llevar una cámara eso será genial, porque ellos irán registrando los momentos y objetos, animales e insectos de su interés. También los irá ubicando en el espacio en que se mueven. Si no es con cámara de fotos, sea porque todavía no tienen edad para manejarla, o porque no poseen una cámara para el niño, un muy buen recurso es contar con papel y lápices de colores o crayolas. De paso tener un divertimento adicional es ideal para los momentos en los que no hay mucho para ver, y así matar el aburrimiento, además brinda tiempo adicional a los adultos para mirar con mayor detenimiento ciertos puntos o animales de interés.

MANEJE LAS EXPECTATIVAS.
Hable con los niños acerca de la paciencia, y recuérdeles que van a tener que esperar para ver el gran animal al que están esperando tanto. Es más, conviértalo en juego, enséñeles lo divertido de buscar, de aprender, y así también encontrará la manera de sortear los momentos en los que no hay mucho para ver. Tenga en cuenta que muchos establecimientos hoteleros prestan y/o venden libros que ayudarán a los niños a identificar animales que tal vez no sean tan conocidos. Es un plus para que no pase nada desapercibido y todo les divierta, así no sea un león, un elefante o una cebra.

PIENSE COMO «PRESA»
Puede suceder que un tour operador suene demasiado seguro de sí mismo, como decimos “sobrado”. Sin embargo, si se viaja con niños, lo ideal es tener claro que nada está claro. Los animales son animales y por ende no necesariamente tienen que comportarse como nosotros, los humanos, deseamos o esperamos. De hecho no lo hacen, o sea que mantenga a su hijo bien cerca y protegido porque precavido vale por tres. Y recuerde, los niños pequeños pueden lucir como presas. No serían los primeros ni los últimos que salten del jeep por iniciativa propia y se lleven un gran susto; nunca se puede perder de vista dónde se está.

CUANDO NECESITEN DÉJELOS DORMIR
Los safaris tienden a llevarse a cabo en horarios temprano a la mañana o, por lo contrario, en horas de la tardecita. Suele pasar que hay niños que no gustan de los largos paseos en coche, otros que detestan levantarse temprano o, por el contrario, los que ni bien apoyan la cabeza en el respaldo cuando suben al auto, se duermen. No combata contra eso, déjelos dormir y si analiza que se están perdiendo de algo mayor, ahí trate de despertarlos. Dicha práctica será un beneficio para todos los viajeros.

BUSCAR OPCIONES
Si bien, como indicábamos, hay muchos establecimientos que no aceptan niños, los que sí lo hacen también se ocupan de sus actividades, de generar programas no solo para adultos, sino para que participe toda la familia como safaris cortos, excursiones en vehículos cerrados solo para avistaje (por seguridad), paseos por la sabana (son de corta duración), juegos para capturar (y liberar) mariposas; o también actividades mismo dentro de los lodges, con animadores, como para liberar un rato a los padres, tal como se hace en muchos resorts del mundo. También hay que explorar opciones porque se pueden sumar opciones como las avionetas o mismo los paseos en globo aerostático, para ver a los animales desde arriba, es otra manera de vivir el safari.

PRECAVIDO EN LOS DETALLES
Siempre esté muy seguro, que el ‘lodge’ donde se alojará para el safari que haya contratado permita niños. Es bastante común que haya lodges que no los admitan, por todo lo anteriormente dicho, pero además porque en general los lodges están en medio de la naturaleza, y lo que se espera es silencio, sobre todo por las noches, para que los animales no se alteren. Muchos safaris aceptan niños de 7 años en adelante, para que tengan una edad en las que entiendan y obedezcan ordenes. Otros pueden bajar el promedio de edad si su familia contrató un jeep privado; o muchas veces también preste atención a los consejos que el operador pueda darle, cuando tiene niños chicos, sobre qué excursiones son convenientes y cuáles no. Sea consciente de la personalidad de su hijo también, va a ser un arma de gran utilidad para sortear obstáculos.

SABER CUÁNDO PARAR
Niños cansados son terriblemente malos acompañantes para un safari. Las mañanas muy temprano y las noches tardías pueden afectar su sueño mucho más de lo que pensamos con anticipación. Piense largo y tendido, sobre todo conforme conozca al niño, su ritmo y su caracter, antes de planificar días full full llenos de actividades.

PREVENIR
No solo es importante prever la diversión y que todos pasen bien en el viaje, sino también los asuntos de la salud. Lo que no solo corre para los niños sino también para los adultos. Es importante elegir este destino con tiempo de anticipación para darse las vacunas correspondientes en caso de haberlas. Los safaris africanos en algunas zonas exigen vacunas y hay que dárselas un mes o dos antes de viajar. Es también imprescindible llevar un buen protector solar y un buen repelente. Si en la zona hay malaria es conveniente vestir prendas de manga larga y llevar también pulseras antimosquitos y todo lo que haya en plaza para repelerlos. Importante también es llevar un buen seguro de asistencia.